jueves, 31 de enero de 2013

26. Mansión Riddle.

La lluvia había cesado, sin embargo, los problemas recientemente ocurridos no habían subsanado del todo.
Hermione estaba en la cocina, en una pequeña silla y con los ojos cansados de llorar. Ginny no se había apartado de su lado y ya no hallaba palabras para intentar reanimar a su compañera y amiga.
La mañana se abría camino con los débiles rayos del cálido sol y Harry había permanecido en los escalones de la chirriante escalera.
Ron no le abría la puerta a nadie, ni si quiera a su mejor amigo.
Draco, por otro lado, se hallaba solo y sin consuelo en aquel antiguo sillón. Reflexionaba en todo lo que había hecho. Había dañado a la chica que le había salvado la vida en dos ocasiones, tanto en Azkaban como en manos de Ronald Weasley.
Harry Potter se había portado muy bien con él, al igual que los demás... Salvo Ron.
¿Por qué confesó algo tan íntimo como lo de aquel beso? Cuando gritaba que se habían besado, su corazón había latido como nunca antes. Sí, es cierto que había sentido sentimientos extraños desde el interior y, el exponerlo ante todos, le había hecho revivir aquellos sentimientos indescifrables para él.
Pero, ¿por qué confesó algo así? Podrían haberle echado en cara que besó a una sangre sucia, ya que, era la mayor humillación para un sangre pura como él.
Aunque, en ese momento de reflexión, sintió como que no le importaba en absoluto. ¿Y qué si la besó? ¿Qué más da que sea de familia muggle?
El joven Slytherin sintió un peso en su interior, ¿acaso deseaba confesárselo a todos? ¿Lo deseó porque había significado algo para él? 
Pero, lo que más impactó su inquietante y descongelado corazón, fue la intervención de la joven Granger. Cuando le protegió del mortal hechizo y verla llorar de dolor... Harry también le protegió de los golpes que quiso darle el pelirrojo compañero, por no hablar del sacrificio que habían hecho todos por sacarle de Azkaban.
Todos se habían portado bien con él y fueron amables, sin importar todos los males que les hizo.
¿Por qué y por qué? Se preguntaba interiormente.
En ese momento, una dulce voz femenina interrumpió aquel sepulcral silencio.
-Deberíamos de comprar algo de comer... Hermione no pudo recoger la tienda y nos hemos quedado sin alimentos- murmuró Ginny, desde el centro de la casa y mirando hacia Harry.
-Claro... Intentaré hablar con Ron...- decía, con voz apagada.
-¿No te ha abierto la puerta?- se sorprendía la muchacha.
-Ni si quiera contesta... Realmente, está muy enfadado- concluyó mientras se incorporaba para volverlo a intentar.
El joven Potter se acercó a la puerta, por décima vez e intentó convencer a Ron para que saliera; pero no consiguió nada. El mismo silencio y la misma ignorancia.
-¿Y bien?- preguntaba Ginny, esperanzada.
-Nada, lo mismo que antes- decía mientras bajaba las escaleras hasta llegar a Ginny.
La joven estaba preocupada por su hermano y comenzó a llorar de impotencia.
-Todo ha sido por tu culpa. ¿Ya estás contento?- acusaba la joven Weasley, mirando con ira a Malfoy.
Él la miró apagado y volvió a descender su mirada.
-Ginny, será mejor que vayas con Hermione... Dejaremos a Ron aquí, pero no quiero dejarlo solo...- murmuraba, intentando que la cosa no fuera a mayores.
Ella lo miró y asintió.
-Potter, podéis ir tranquilos. No me llevo bien con todos, así que, me quedo y problema resuelto- decía con una voz muy distinta a la de aquella mañana. Ya no era orgulloso ni tampoco desafiaba a nadie, parecía ser sincero.
-Verás, Malfoy, no es por ofenderte pero...-.
-Te garantizo que todo estará tal cual lo habéis dejado. Tranquilo, Weasley no sabrá que estoy aquí- insistía, con una mirada apagada y llena de sinceridad.
Harry no estaba muy seguro de lo que iba a hacer, solo esperaba que fuera un milagro...
-Harry, no... Ni se te ocurra- decía Ginny, acompañada de Hermione.
La joven Granger bajó la mirada e ignoró la conversación.
-Pero Ginny, no puedo dejar a Ron solo... Él necesita su momento a solas y yo querré animarlo- continuaba murmurando- Y Hermione no puede quedarse... Tampoco tú, porque estás bastante nerviosa y necesitas airearte...-.
Había logrado convencerla, salvo por un pequeño detalle.
-¿Y qué pasa con él?- señalaba, con la mirada, a su compañero Slytherin.
-Él se quedará por los alrededores. Ron no tiene por qué saber que, Malfoy, se quedará- casi no parecía ni creérselo él mismo.
Ella miró a Draco, casi como queriendo desafiarlo y se acercó unos pocos metros.
-Más te vale que no pase nada, gracias a vosotros, he perdido un hermano y no deseo que vuelva a pasar lo mismo- concluyó y salió de la casa.
-Confío en ti, Malfoy...- dijo Harry, mientras tomaba de la mano a su amiga Hermione.
Ella le dedicó una última mirada a Draco, pero éste no se percató de ello.
Caminaban a paso ligero, buscando algún sitio donde poder comprar las provisiones que necesitaban.
-Ginny, quiero disculparme...- susurraba Hermione.
Las dos chicas iban siguiendo a Harry, en unos pequeños metros alejadas de él.
-¿Por qué?- no entendía la pequeña Weasley.
-Debí de haber contado lo de... Ya sabes. Ron está en su derecho, digo, de ponerse así- confesaba, muy avergonzada y triste.
-¿Cómo? ¿Le has besado?- le costaba creerlo.
Hermione no supo cómo reaccionar ni tampoco qué decir.
-Fue él quien lo hizo y no me lo esperaba. Nunca pensé que fuera a hacer algo así, porque ya sabes cómo soy para él- intentaba defenderse- Y no quise hacer daño a Ron con esto, por Harry... Él sabe lo que le pasa y, por eso, lo mantuve en secreto-.
Ginny suspiró muy indignada y negó con la cabeza.
-Es increíble, ¿hasta dónde llegará ese imbécil?- murmuró.
Hermione no objetó nada más, miró hacia el frente y reflexionó en lo que acababa de hacer.
Se sentía culpable, pues ella también había besado a Malfoy en el campamento y, lo peor de todo, había sentido algo. Podría decirse que le había gustado, como cuando la tomó de la mano para sacarla de los dementores.
Se había insultado así misma, llamándose culpable por no haber dicho toda la verdad; pero no pudo decir nada más. Habían llegado a un pequeño mercado de la zona.
Las calles estaban desiertas y no transitaba ningún vehículo. Los tres jóvenes no se separaban de sus baritas, que llevaban escondidas, y se adentraron a comprar lo necesario.
Las puertas mecánicas dejaron paso a los chicos y, éstos, se asombraron al no encontrar a nadie en aquel lugar.
-Qué raro... A esta hora del día y no hay nadie- susurró Hermione a sus dos amigos.
-No importa, aprovechemos para comprar y ya está- continuaba en voz baja, Harry- No quiero dejar solo a Ron con Malfoy-.
No se separaron para comprar, si iban a ser atacados, debían de estar juntos.
Tomaron lo necesario, varias botellas de agua, cereales y snacks... Compraban lo que creían necesario y lo justo para unos días, hasta que estén en un lugar más seguro.
Llegaron a la caja registradora, pero no había nadie y dudaban de que hubieran empleados allí.
-¿Hola?- alzó un poco la voz el joven Potter.
-¡Un momento, por favor!- se oyó una voz femenina al fondo y algo amigable.
En ese momento, del silencio que abundaba en aquel supermercado, aparece una dependienta de estatura media.
Vestía con una blusa blanca algo ajustada, con pantalones largos rojos y zapatos blancos.
-Buenos días y bienvenidos, ¿en qué puedo ayudarles?- decía con una sonrisa amplia.
Parecía tener unos cuarenta años, con ojos azules, piel blanca y pelo negro como la noche.
Llevaba el pelo recogido con un moño muy distinguido y aún daba más miedo cuando sonreía con aquel pintalabios rojo intenso.
-Solo queríamos comprar esto...- señalaba Harry, mientras alzaba levemente sus manos con sus provisiones.
-Oh, entiendo- decía con una voz algo chillona y con la misma sonrisa.
En su blusa, llevaba una pequeña placa plateada y con su nombre escrito en negro: Clarie John.
-Son 20 libras, gracias- dijo sin dejar de sonreír.
Harry pagó y tomó las pequeñas bolsas, Ginny y Hermione también llevaron una cada una.
Pero, antes de dejar el desierto mercado, Clarie John tomó la mano del chico.
Éste giró, de inmediato, y la miró.
-Vuelve al principio, Harry... Y no te fíes del traidor...- susurraba como serpiente y con una voz irreconocible.
Sus ojos estaban abiertos por completo y había dejado de sonreír.
-Pe... Perdone... ¿Cómo supo mi nombre?- decía Harry, con miedo en sus verdosos ojos.
-Soy tu amigo, Harry... Soy tu amigo... Cuídate del mentiroso, no confíes en sus palabras... Vuelve al principio- decía, aún más cerca del rostro de Harry.
En ese momento, Clarie suelta su mano y mira hacia la caja registradora.
El chico mira su mano, aún tenía las marcas de la mano de la dependienta y tragó saliva. Estaba temblando y aún no lograba descifrar lo que le acababa de decir.
-Disculpe, ¿qué quería decir con volver al principio?- preguntaba Hermione, con cierto temor por lo que acababa de pasar.
¿Quién sería, realmente, Clarie?
-¿Perdone? No entiendo lo que quiere decir- era la misma dependienta, con el mismo tono de voz chillón y esa horrible sonrisa.
-Nos lo acaba de decir usted...- se quedaba perpepleja, Ginny.
La dependienta miraba, extrañada a los tres jóvenes. No parecía saber de lo que hablaban y negó con la cabeza.
-Yo solo os he dicho adiós y que vuelvan pronto- seguía con esa sonrisa.
Los chicos sonrieron levemente y salieron del mercado.
Estaban absortos con lo ocurrido y no podían explicarse la razón de lo que les acababa de pasar.
-¿A qué vino eso? ¿Sería Voldemort?- preguntaba Ginny.
-Lo dudo, Voldemort no atentaría contra sí mismo- respondía Harry, mientras caminaban apresuradamente hacia la casa.
-¿Y quién sería el traidor del que habla?- preguntaba Hermione, intentando enlazar lo que habían oído.
-Es evidente que hablaba de Malfoy, ¡ese imbécil! Y lo hemos dejado con mi hermano...- se ponía más nerviosa.
Hermione no creía que fuera él y no era para defenderlo; estaba claro que sería muy evidente el culparlo a él. Tendría que ser alguien en quien ellos confiarían... ¿Sería Jessica, como hablaba Ginny esta mañana? Fuera quien fuera, Hermione prefirió mantenerlo en silencio, al menos por ahora.
-Esperad, cuando hablaba del principio... ¿Se refería a volver a Hogwarts? Es decir, cuando me enfrenté a Voldemort la primera vez...- continuaba Harry, deteniendo su paso para reflexionar- Pero, no podemos volver allí. Nos cogerían y podríamos acabar en Azkaban-.
-¿Y si fuera mucho antes de eso?- pensaba Hermione.
-¿Antes de eso? ¿Te refieres, cuando Tom estaba en el orfanato?- recordaba Harry.
-No, antes... Cuando el director fue al orfanato, ¿qué había ocurrido antes de eso?- preguntó Hermione, con esa sonrisa de haber hallado la respuesta.
-No lo sé... Yo solo sé que estuvo en un orfanato...- negaba Harry.
-Exacto- le interrumpió la castaña.
-Pero, ¿por qué? ¿Qué importancia tiene eso?- Ginny no acababa de entenderlo.
Los dos jóvenes enmudecieron, no sabían la razón.
-No lo sé, pero si dijo que hay que volver al principio...- decía Hermione.
-Deberá ser el principio de la vida de Tom...- continuaba Harry.
-Y que acabó siendo Voldemort- concluyó Ginny.
Sabían lo que debían hacer, el por qué y para qué, no estaba muy claro; pero es su única pista.
A varios metros, el joven Slytherin aún estaba sentado en aquel polvoriento sillón y pensando en todo lo ocurrido; pero, había oído a Ron.
El pelirrojo se había dignado a aparecer.
-Maldito Weasley... En buen momento...- gruñía entre dientes y en voz muy baja.
Draco tomó su barita y se pegó hacia la pared de la sala. No quería pelear con su compañero Gryffindor, pero debía de estar preparado para defenderse.
-¿Harry? ¿Ginny? ¿Dónde estáis?- preguntaba éste, mientras bajaba las escaleras.
Malfoy estaba nervioso, no deseaba tener problemas con él... Y menos como habían llevado esa mañana.
En ese momento, y como milagro caído del cielo, aparecen los tres jóvenes restantes.
Draco suspiró aliviado y guardó su barita.
-Harry, ¿os habíais ido sin mí?- dijo Ron, al acabar de bajar las escaleras.
-Lo siento... Quería decirte que vinieras, pero no contestabas y no quise dejarte solo...-tragó saliva- Por eso, Malfoy, se quedó-.
El pelirrojo no lo miró, pero tampoco se quejó. Actuó con total indiferencia.
-Por cierto, debemos de contaros algo- decía Harry, mientras los llevaba hasta la pequeña cocina.
Una vez dentro, todos tomaron asiento y escucharon lo que les contaba el joven Potter; pero no dijo nada del traidor. Temía que, Draco, escuchara sobre eso y entorpeciera a los demás.
-Espera, ¿dices que tenemos que ir al orfanato donde estaba Quien tú ya sabes?- Ron no parecía muy por la labor.
-Sí, allí podremos encontrar algún documento que nos diga algo sobre su pasado, su familia... Algo- detallaba Harry.
-¿Y por qué no vais a la mansión Riddle?- murmuró Draco, desde la entrada y de pie.
Mantenía cierta distancias con ellos, porque sabía que ya no podían confiar en él.
-¿A la mansión de los Riddle?- se sorprendía el joven Potter.
-Sí, ¿qué mejor lugar para buscar que en su casa?- insistía Draco. Tal vez, estaba echando a perder los planes de sus padres y todo lo que era llevarle la contraria a Lord Voldemort; pero quería ser libre y, si Harry Potter, era su billete a la libertad, quería colaborar con ellos.
-Pero no sabemos dónde está su casa- confesaba Ginny, mirando hacia Harry.
-Yo sí- dijo Draco y tragó saliva.
Todos miraron hacia él, ¿cómo es posible que sepa dónde vivía Voldemort?
-Está más que claro que es una trampa- reía Ron, sin mirar a su compañero Slytherin.
-Tal vez sí, tal vez no. ¿En qué me beneficia a mí el engañaros? ¿Acaso no dije lo que le pasaba a Potter?- se imponía más el chico.
-Vas muy de prepotente, Malfoy...- amenazaba Ron, ya mirándolo.
Pero, Harry toma a su amigo del hombro, para detenerlo.
-Malfoy, ¿podrías llevarnos?- murmuraba Harry, intentando confiar en él; aunque le costaba.
Éste asintió y salió de la cocina.
-Harry, no podemos confiar en él. Recuerda las palabras de la...- susurraba muy bajo Ginny.
-Lo sé, pero si es verdad que sabe algo...- la interrumpió.
Nadie dijo nada más y se prepararon para encaminarse hasta la mansión Riddle.
Draco sentía pánico en su interior, ¿qué ocurriría si, Voldemort, venciera? Podría morir de una muerte horrible... Sin embargo, quiso mantener la esperanza y confiar en sus compañeros.
Siempre había cometido errores y los había torturado de múltiples formas, pero quiso rectificar y volver a empezar de cero. Sabía que algo debían de hallar en aquella casa, no sabía el qué exactamente, pero algo debía de encontrar.
Comenzó a recordar la conversación que mantuvieron sus padres con Redforth, acerca de algo que había dejado Voldemort en aquella mansión la última vez que estuvo en aquel lugar.
Sabía que lo encontrarían, el qué, pues no lo tenía muy claro; aunque, tampoco quiso confesar nada de esto. No quería involucrar a sus padres en todos estos problemas.
Eran sus padres a fin de cuentas.

DRAMIONE

DRACO MALFOY

RON WEASLEY, HARRY POTTER Y HERMIONE GRANGER

HERMIONE GRANGER

DRACO MALFOY, PANSY PARKINSON, LUNA LOVEGOOD, GINNY WEASLEY, NEVILLE LONGBOTTOM, RON WEASLEY, HARRY POTTER Y HERMIONE GRANGER




















25. Al filo de la hoja.

El cielo oscureció y el frío se apropió del lugar. No había tardado en comenzar en llover y los dementores habían perdido la pista de los jóvenes magos.
Los cinco fugitivos reaparecieron en la antigua casa de la familia Potter, todo estaba como lo habían dejado por última vez y no tardaron en volver a crear la barrera mágica.
Ginny y Hermione, se encargaron de eso; mientras tanto,los chicos, indagaban en el interior de las ruinas.
Tenían que estar seguros, al menos , por este nuevo día.
-Harry, quisiera hablar contigo- murmuraba Ron, al momento de haber acabado de inspeccionar su parte.
El chico no tardó en dedicarle su atención, cuando finalizó su trabajo.
-¿Qué ocurre?- preguntó en voz baja, pues sabía que se trataría de Hermione.
-Creo que deberíamos desconfiar de Malfoy... Él sirvió a Quién tú ya sabes- miraba con miedo.
Harry comprendió la preocupación de su mejor amigo, pero era imposible acceder a su petición.
-Entiendo lo que quieres decir, pero necesitamos a Malfoy- continuaba, mientras se acercaba al rostro de su amigo y evitar ser escuchado- Yo no me fío de él, pero es el único que sabe lo que me pasa y lo que debemos de hacer para evitar que, Voldemort, regrese-.
-Harry, de solo estar con nosotros, Hermione y yo nos hemos distanciado... Le dije que quería tiempo y ella accedió, sin más- se ponía algo tenso.
El joven Potter sabía, bastante bien, el por qué su amiga accedió a semejante petición. Recordó cuando, Hermione, acudió a él y le confesó lo de su inesperado beso con el joven Malfoy.
Sin embargo, selló sus labios y solo le ofreció unas palmadas en el hombro a su pelirrojo amigo.
-Lo siento, Ron. Yo no puedo entender la mente de las chicas, pero Hermione es nuestra amiga y sus motivos tendrá- continuaba con una sonrisa de ánimo- Además, estoy seguro de que, os volveréis a reconciliar-.
-Eso espero...- concluyó y suspiró, como si llevara una gran carga sobre sus hombros.
En la entrada de la casa, Ginny finalizó sus hechizos para la barrera y miró hacia su castaña amiga.
Cuando Hermione había concluido con su parte, miró a su buena amiga.
-¿Qué ocurre?- preguntaba con una sonrisa en su rostro.
-Hermione... Quisiera preguntarte una cosa- decía en voz muy baja y reflejando, en sus ojos, un secreto.
-¿De qué trata?- se preocupaba.
Ginny bajó su mirada y se sentó en el viejo sillón que se encontraba al fondo del salón.
Hermione se acercó a su pelirroja amiga y tomó asiento al lado de ésta.
-El caso- comenzó a hablar, mirándola a los ojos- es que desconfío de Jessica...-.
-¿De Jessica? Entiendo que sea algo cariñosa, pero dudo mucho que pretenda algo con Harry...- excusaba la joven Granger.
-No, tú no lo entiendes... ¿Cómo es posible que tú, creando la barrera en la tienda, entraran los dementores?- bajaba más su tono de voz, casi un susurro.
-¿Qué quieres decir? ¿Que, Jessica, lo hizo conscientemente?- correspondía al mismo tono que su amiga.
-Cuando entraste en la tienda... Después de que salieras con mi hermano...- se cortaba un poco, pues sabía que era un tema delicado en esos momentos.
-Tranquila, Ginny... Puedes continuar- su rostro cambió a melancolía, pero intentaba actuar con normalidad. Como si fuera una de sus discusiones, habituales, con Ron.
La joven Weasley asintió y tragó saliva, dispuesta a hablar.
-Hermione, cuando entraste en la tienda, Jessica salió- continuaba y mirando, de vez en cuando, para garantizarse que aún le quedaba algo de tiempo para hablar.
-No sé cómo, pero encontré esto- sacó la pluma de halcón.
Hermione tomó dicha pluma y la observó.
-Pero, esto es una pluma de halcón... ¿Cómo la has...?- 
-Se desprendió del abrigo de Jessica, cuando entró a la tienda- interrumpió.
Hermione miró, con dudas, a su amiga. 
-Pero, es imposible... Allí no hay halcones- seguía insistiendo, mientras intentaba hallar una solución.
-Eso es lo que trato de decir. No es casualidad que, al poco tiempo, aparecieran los dementores y penetraran en nuestra barrera- seguía susurrando.
-En cierto modo, tienes razón. Pero, Ginny, no tenemos pruebas de demostrar lo que dices. Es una acusación un poco grave- murmuraba, mientras le entregaba la pluma.
-Sí, lo sé... Pero no es casualidad que se haya apegado a nosotros desde el principio... Y que nos vaya tan mal desde que llegó y...- intentaba hallar algún argumento que defendiera su teoría.
-Ginny, en cierto modo, creo en ti... Aunque, debemos de admitir, que no tenemos nada para demostrarlo- la detuvo la joven, tomándola de las manos.
La pelirroja se indignó en su interior, pero no con su amiga; sabía que, Hermione, tenía razón y eso era lo que le dolía. Que Jessica se salga con la suya, una vez más.
Sin que se hayan dado cuenta, alguien las había estado escuchando y bajó las envejecidas escaleras.
-Ya he acabado. No hay nada en las habitaciones de arriba- murmuró el joven Slytherin.
Hermione asintió con la cabeza y bajó su mirada.
-¿Por qué nos has seguido? Es decir, Parkinson salió corriendo con Jessica... ¿Acaso no eres su prometido?- preguntaba Ginny, intentando romper el hielo.
-Había demasiada confusión y no vi a ninguna de las dos...- se justificaba.
Draco no se sentía a gusto, pero intentaba disimularlo con su típico carácter.
-¿Y por qué salvaste a Hermione?-.
Malfoy cambió su rostro, no miró a Ginny y tampoco se atrevía a hacerlo. Había dado en el clavo, ¿por qué lo hizo? Su prometida, Pansy, había salido huyendo y no se garantizó de que estuviera bien; sin embargo, acudió a la pronta ayuda para con Hermione.
-¿Y bien?- insistía Ginny, con cierta sonrisa en su pecosa cara.
Sabía que, a Malfoy, lo había incomodado con esa pregunta.
-¿Y a ti qué te importa? Solo la salvé, como ella me sacó de Azkaban. Ya he zanjado mi deuda- concluyó, con ese dichoso carácter suyo y caminó hacia la antigua cocina.
Esas palabras, se clavaron como un cuchillo en Hermione. ¿Por zanjar su deuda? ¿Qué se había creído?
Hermione se levantó de su asiento y, aprovechando que Ron estaba en las habitaciones restantes con Harry, siguió a Draco.
-Eres un asqueroso hipócrita- murmuró con mucha ira.
-¿Qué? ¿Acaso esperabas algo, Granger?- burlaba, como siempre había hecho con ella.
-Ahora me negarás que no estabas preocupado por mí, cuando estaba herida por aquel tritón- continuaba, mientras se cruzaba de brazos y sonreía. Sabía que, en aquel momento, el chico se había preocupado por ella.
El rostro de Draco se tornó a una sonrisa a medias, era cierto que se preocupó; pero tampoco lo había llevado tan lejos como intentaba dar a entender la joven.
-Sí, es cierto. Me preocupé, pero porque tú eres buena con los hechizos y Pansy era un lastre- continuaba, creciéndose y con esa maldita sonrisa- ¿No sabías que, Pansy, es una negada con los hechizos? Te necesitaba, hasta que llegara Potter y el resto-.
Hermione sintió rabia y dejó de sonreír como vencedora, para enfurecerse por esa declaración.
-Está bien. Ahora estamos en paz, que ninguno se encargue de salvar la vida del otro, ¿te parece bien?- desafiaba.
Él dejó de sonreír y la miró con enojo, era bastante orgulloso y se acercó al rostro de la joven.
-Por mí, estupendo- casi parecía decir entre dientes y con una mirada fría.
Hermione asintió y salió de la cocina.
Estaba cabreada y solo deseaba romperlo todo, pero se contuvo, al ver que ya habían aparecido sus dos compañeros Gryffindor.
-¿Dónde estabas?- preguntaba Ron, pero obtuvo su respuesta al ver que, Draco, salía del mismo lugar que ella.
El joven Weasley estaba muy enfadado y se acercó a Draco.
-¡¿Qué?! ¡¿No has tenido suficiente con que nos hayamos distanciado, maldita rata?!- se acercó hacia éste.
Draco burló.
-¿Qué te hace tanta gracia?- preguntaba Ron, al guardar su barita.
-¿Que qué me hace tanta gracia? La cara de idiota que pones por una sangre sucia como ella...- tentaba a su suerte con su típica sonrisa desafiante.
Pero Ron no dejó que continuara y le propinó un puñetazo en la boca de Malfoy.
-¡Ron, no!- intentaba detener Harry.
-¡Te juro que me vengaré, maldita serpiente!- finalizó el pelirrojo, mientras subía las escaleras y encerrarse en una habitación.
Hermione comenzó a desramar sus lágrimas, pero intentó cubrir su entristecido rostro con su castaño cabello.
Draco estaba sentado en el suelo, dolorido por su labio que había reventado por el golpe.
-Podrías haber evitado esto, Malfoy... ¿Qué pretendes, haciendo enfurecer a Ron?- Harry no lograba entender sus intenciones.
El joven Slytherin lo miró de reojo, mientras limpiaba la sangre que desramaba su labio inferior.
Harry, al no hallar ninguna respuesta coherente en él, decidió ir a dar con Ron e intentar calmar las cosas; pero algo detuvo su camino.
-Potter... ¿Piensas vencer a Voldemort así? Eres débil- decía, aun sentado en el suelo y sin mirarle.
-¿Qué quieres decir?- comenzó a tener miedo.
-Eres débil, Potter. No deberías preocuparte por mí, porque ya he dicho lo que querías saber- continuaba, mirándole- ¿Sabes? Es absurdo lo que haces. ¡Weasley, ¿sabes que he besado a tu novia?!- elevaba la voz.
Hermione no podía creer lo que estaba oyendo, ¿había confesado lo que no debía de haber salido a la luz? El chico pelirrojo había oído con total claridad, pero sabía que si bajaba lo mataría.
-¡¿Estás sordo?! ¡La besé en la biblioteca y en el campamento, sin que estuvieras presente!- decía muy irritado y en pie, mientras miraba hacia la puertas cerrada en la que se encontraba Ron.
-¡Malfoy, ya está bien!- apuntaba, Harry, con la barita.
-¿Por qué? ¿Acaso, me necesitáis para algo? No aparentes que te importo, Potter- murmuraba con una mueca de vencido.
Ron abrió la puerta y bajó las escaleras con la barita en mano. Estaba enfadado, pero mantenía la compostura.
Apuntó hacia Malfoy y pronunció las horribles palabras: Avada Ke...
-¡¡No!!- exclamó Hermione, mientras se ponía enfrente de Draco.
Harry y Ginny estaban petrificados, ¿Ron estaba a punto de convocar el hechizo imperdonable?
-Ron... No... Tú no eres así...- decía Hermione, llena de lágrimas y sin moverse del sitio.
Draco la miró con asombro, pero no dijo ni una sola palabra.
Ron, con una mirada vacía, guardó su barita.
-Hemos acabado y, Malfoy, bésala todas las veces que te dé la gana- finalizó y volvió a la habitación.
Ella rompió a llorar y corrió hacia la cocina, sin mirar a nadie más.
Ginny corrió hacia ella y se quedó, para consolarla; mientras tanto, Harry miró hacia el que siempre había sido su enemigo y rival.
-¿Qué has hecho? ¿Por qué...?- preguntaba Harry, guardando su barita.
Malfoy estaba cabizbajo y sonrió, como nunca había visto Harry sonreír.
Lo miró, con ojos sinceros y con la misma sonrisa.
-Odiadme- murmuró y no dijo nada más.
El joven Potter no pudo decirle nada más, aunque no entendiera las razones de su compañero Slytherin.
¿Cómo iba a odiarle? Sí, alguna vez deseó propinarle unos cuantos golpes, pero ¿para qué? En ese momento, y sin saber ni el por qué, Harry solo negó con la cabeza a la petición de éste.
-No puedo, Malfoy. No somos como tú- concluyó y subió, para hablar con Ron.
Había sido un día bastante duro y lleno de amargos momentos. Ni la lluvia limpiaría las tristezas que invadían en los corazones de los jóvenes magos.

DRACO MALFOY

DRAMIONE

DRACO

HARRY POTTER

HERMIONE GRANGER

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lunes, 28 de enero de 2013

24. División.

La mañana comenzaba a abrirse camino en el pequeño refugio de los jóvenes magos y todos empezaban a tomar energías, para afrontar el nuevo día que les quedaba.
Harry estaba durmiendo, había pasado una noche bastante amarga y Ginny tampoco había podido descansar lo suficiente. La pequeña Weasley se había dejado dormir, al poco tiempo que el joven Potter había sido vencido por el sueño.
Ron miraba, con dolor, a su hermana y a su mejor amigo. ¿Qué podía hacer por ellos? No era muy listo ni tampoco tenía todo a su alcance, pero tenía iniciativa y deseos de hacer algo; al menos, de abrir la boca a Draco Malfoy.
De vez en cuando, miraba al joven Slytherin y seguía meditando en lo mismo, ¿por qué no colabora con ellos? Le habían salvado la vida y nadie se metía con él... ¿Acaso no puede valorar eso? Mientras, Ron, seguía mirando a Draco y pensando en estas cosas, la joven Granger apareció ante sus ojos.
La castaña estaba preocupada por su mejor amigo y por ellos mismos, algo debían de hacer y tenía que ser ya.
-Malfoy, por favor... Sé que te costará o puede que sepas muy poco, pero Harry es el mejor amigo que he tenido y me duele verle así- continuaba con unas cansadas lágrimas en sus ojos- Solo te pido que me digas lo que sabes, aunque solo sea una cosa insignificante... Por favor-.
Draco tragó saliva, tomó asiento e intentó esquivar la mirada de la joven.
Tenía miedo de decir lo que sabía, ¿cómo hacerlo sin parecer lo que no era? Tardaba en responder y no sabía si hacerlo.
-Entiendo... Perdona, pensé que podrías cambiar- murmuró la joven, con un tono dolido y decepcionada.
Se había dado la vuelta, para ir hasta su amiga Luna Lovegood; pero éste se levantó de su asiento.
Aquellas palabras eran un afilado puñal y no quiso que, ella, lo mirara con aquellos ojos. Un momento, ¿no quería que, Hermione, lo mirase de aquella forma? ¿No deseaba que, la joven, le dijera aquellas palabras? 
-Granger- dijo, algo entrecortado.
Todos miraron hacia Draco, no había dicho una palabra en todo el día de ayer y actuaba bastante raro; ahora que había hablado, se habían sorprendido grandemente.
Hermione actuó como un resorte y miró, de inmediato, al joven Slytherin.
Draco tragó saliva y respiró algo entrecortado.
-¿Sí?- preguntó la joven, muy esperanzada.
-Lo que le ocurre a Potter es que... Es que es el sucesor de Lord Voldemort- miraba a los ojos de ésta.
Draco había hecho lo que jamás hubiera pensado hacer... Podría haber dicho otra cosa, tal vez alguna invención, todo menos haberse arriesgado a decir algo tan peligroso como eso.
Todos estaban atónitos y Neville se levantó, bruscamente, de su asiento.
-¡¿Qué estás diciendo?! ¡Hemos estado aquí, cuidando del nuevo sucesor de Voldemort!- temía Longbottom.
-¡No, Harry es nuestro amigo! ¡Este asqueroso Malfoy es un mentiroso!- desafiaba Ron al coger del suéter al joven Slytherin.
Draco empujó a Ron, estaba harto de él y sacó su barita. Apuntó en contra del pelirrojo y lo miró con más odio que nunca.
-¡Tú querías que hablara, ¿no?! ¡Pues ya lo he hecho y no me vuelvas a tocar, asqueroso Weasley!- seguía apuntando hacia él.
Ron estaba furioso, ¿cómo se atrevía a hacer algo así? 
-¡Desde que te sacamos de Azkaban, solo has amargado nuestra existencia, maldita serpiente!- tomó su barita y apuntó hacia su adversario.
Harry y Ginny se levantaron sobresaltados, no sabían qué era lo que estaba pasando.
Parkinson tomó su barita y también apuntó a Ron.
-¡Déjame, Pansy, esto es cosa mía!- gruñó, entre dientes, el chico Slytherin.
Parkinson nunca había visto a Draco de ese modo, en ese momento tuvo miedo y obedeció sin rechistar. Guardó su barita y se apartó, sin dejar de mirar al que creía como su prometido.
-¡Ron, Malfoy! ¡Por favor, dejadlo ya!- decía Hermione- Debemos ayudar a Harry y solo estamos perdiendo el tiempo así...-.
Ron miró hacia su compañera y bajó su barita, Draco no tardó en hacer lo mismo.
Sus miradas cambiaron, sabían que eran enemigos y que pronto llegaría el momento de arreglar sus problemas; pero aún no había llegado.
-¿Qué ocurre?- murmuró Harry, intentando incorporarse en aquella cama.
Todos sus amigos miraron hacia él, con tristeza y dolor. No hacían falta palabras para que, Harry, pudiera tener una ligera idea de lo que le pasaba.
Ginny también había leído sus miradas, algo malo le pasaba al chico que más amaba desde que le conoció y se levantó de su silla.
-¿Qué pasa? ¿Por qué os estabais peleando y qué le pasa a Harry?- Ginny sabía que todo se debía a él.
Ron bajó su mirada e intentó decir algo, pero solo lograba decir palabras sin sentido: bueno... Verás... Es que...
Luna tampoco podía decir nada, era la primera vez que no tenía una respuesta de ánimo y aliento.
-¡He dicho que qué ocurre! ¿Nadie piensa contestarme?- se angustiaba más, pues se temía lo peor.
Hermione, por una vez, no tenía ni idea de qué hacer o qué decir.
Sin embargo, Harry, parecía haber entendido cuál era el problema.
-Es Voldemort, ¿verdad?- sus verdosos ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero no dejaba que éstas salieran aún. Intentaba mantenerse fuerte.
La joven Weasley miró al joven Potter, ¿cómo era posible eso? Voldemort había muerto, todos lo sabían y lo habían visto morir. Era imposible que eso fuera posible.
-Eso... ¡Eso no es verdad!- comenzó a llorar la pelirroja.
Harry no podía ni mirarla, no tenía palabras de consolación.
Draco, sin saber el por qué, se sintió culpable de todo lo que estaba pasando. ¿Por qué? Él nunca quiso ayudar a Voldemort, es más, había sido obligado a servirle y, ahora, no estaba dispuesto a que se volviera a repetir esa experiencia.
-Aún estás a tiempo de escoger, Potter- continuaba, mirando al que había sido siempre su rival en todo- Puedes elegir si dejarte vencer por él o negarte a ser su sucesor... Pero, elijas lo que elijas, recuerda que no será nada fácil-.
Nadie había visto semejante actitud en él, ¿qué había cambiado? Sabían que no era cruel ni despiadado, pero sí era un chico con bastante maldad en su vida.
-¿Sucesor de Voldemort? Pero, eso es imposible... Él murió y no hay nada, en este mundo, que lo vincule- corregía Harry.
Draco sabía que había hablado demasiado y tragó saliva.
-Yo solo te digo lo que sé, Potter. Depende de ti y de nadie más- concluyó y guardó su barita, antes de salir de la tienda.
Pansy lo siguió y le tomó del brazo.
Ahora tenían algo, por muy poco que sea, era lo suficiente para saber lo que se les venía encima desde el 1 de septiembre; Voldemort pensaba volver a la vida, usando a Harry para ello. Aún no sabían cómo es posible ni el por qué, ¿qué se les había pasado? ¿Un horrocruxes? No, solo habían siete horrocruxes; entonces, si no era nada de eso, ¿qué más era? ¿Qué otra cosa podía ser?
Jessica estaba nerviosa, angustiada y no pudo resistir tanta presión. Se levantó de la silla y corrió hacia Draco Malfoy.
-¿Se puede saber qué es lo que has hecho? Conseguirás que nos maten- decía en voz muy baja al joven Slytherin.
-Cállate, no es tu vida la que ha puesto en juego- defendía Parkinson, en voz baja y poniéndose en medio de Draco y de Jessica.
-¿Se te olvida que somos responsables de esto?- la mirada de la joven Gryffindor era de ira.
Pansy la tomó del brazo, estaba cansada de que, la joven Simmons, lo controlara todo.
-Pansy, déjala- murmuró Draco.
La chica, sin objetar nada, soltó a su cómplice y retomó su lugar, al lado de su compañero.
-¿Cómo piensas explicarle, al señor Voldemort, tu traición?- decía Jessica, aún en voz baja.
-Eso es asunto mío, no tienes por qué preocuparte- continuaba el joven Malfoy- además, solo era cuestión de tiempo que se enteraran y no te preocupes, no es tu vida la que acaba de ponerse en peligro. Si mal no recuerdo, yo fui el que habló-.
-Muy bien, pues que te aproveche la ira del señor tenebroso. Yo no tengo nada que ver- se largó con una despreciable sonrisa.
Pansy la odiaba, más que a un Gryffindor... Pero no podía desentonar ante los demás, había mucho en juego.
Draco había firmado su sentencia de muerte, pero algo le hizo mirar hacia el interior de la tienda y encontrar a la joven Granger.
Por un momento la miró y pensó en que era mejor así. ¿De qué le servía vivir y hacer lo que no deseaba? Servir a Voldemort era algo que no entraba en sus planes de vida.
-Draco, ¿por qué se lo has confesado a ese Potter? A él no le importó tu vida, ¿por qué crees que te ha sacado de Azkaban?- decía Pansy, interrumpiendo los pensamientos de éste.
Él la miró e intentó mentirle de alguna manera.
-Ya lo sé, solo querían que ayudara a Potter. Eso es lo que hice, quiero irme y, por eso, lo he hecho- concluyó mientras caminaba hacia la orilla de aquel precioso lago.
La joven Parkinson sabía que no era así, que algo estaba ocultando; pero optó por dejarlo pasar. Algo en su interior comenzó a partirse en dos, por una parte quería vivir, pero por otra... No deseaba ver cómo moría su compañero.
En ese momento, Pansy, miró con odio a Hermione. Todo había sido por su culpa, si no hubiera incitado a Draco para que hablara... Ahora no estaría sentenciado a muerte a manos de Lord Voldemort.
Ginny había presenciado los movimientos de su nueva compañera Gryffindor. Vio cómo había salido de angustiada y que, ahora, había vuelto más calmada.
Pero poco podía deducir, pues quiso ayudar a Harry, para ponerse en pie.
-Bien, aún tenemos algo de tiempo. No sé cuánto será, pero creo que será lo suficiente para averiguar lo que se nos ha pasado por alto- intentaba planear algo.
-Pero, Harry, estás muy débil y no podemos salir de aquí... Los dementores...- intentaba explicarse Neville, pero Luna le interrumpió.
-Debemos de intentarlo, Neville. Harry es nuestro amigo y, todos juntos, podremos vencer a Voldemort de una vez por todas-.
-Luna tiene razón, ahora debemos estar más fuertes que nunca- animaba Hermione.
Todos parecían estar de acuerdo y dejaron que, Harry, llevara el control del asunto.
-Estupendo, esto es lo que vamos a hacer...- intentaba explicarse, pero oyeron los gritos de Pansy y todos miraron hacia la entrada de la tienda.
Draco y Parkinson entraron, rápidamente, y tomaron sus baritas.
-¡¡Los dementores están aquí!!- alertó Draco, desde la entrada.
Los jóvenes magos desenvainaron sus baritas y salieron al exterior.
De repente, el cielo se tornó a gris y comenzó a hacer más frío de lo normal. Estaban rodeados por dementores y vieron cómo entraban de un pequeño hueco que había quedado abierto de su barrera.
-¡¿Cómo es posible?! ¡Si yo lo había cerrado por completo!- dijo Hermione, que había tomado su pequeño bolso de mano mágico.
-¡Ahora no es momento para preocuparse de eso! ¡Ya sabéis lo que hay que hacer!- dijo Harry a todo el grupo.
Todos apuntaron hacia los horribles seres e invocaron su Expecto Patronum.
Los colores negro y blanco invadieron en todo el paisaje.
Sabían que no podrían permanecer mucho tiempo así y aprovecharon para huir.
Harry tomó la mano de Ginny y corrió, lo más rápido que pudo, hacia la orilla; Luna tomó a Neville del brazo y desaparecieron de aquel lugar; Pansy corrió todo lo que podía, siguiendo a Jessica; Hermione, aprovechando que no tenía ningún dementor encima, quiso recoger la única tienda que tenía pero Draco tomó su brazo y corrió hacia el lago donde estaba Harry.
Ron, cuando había acabado de deshacerse de dos dementores, corrió hacia el lago.
La muchacha sintió las manos frías de Draco, en cierto modo, le gustaba esa sensación.
-¡¿Cómo se te ocurre ir a recoger la tienda?!- se quejaba Malfoy, aún sosteniendo su mano y llegando hasta Harry y Ginny.
-¡Iba a recogerlo con mi barita y es la única tienda que me quedaba!- rectificaba la joven.
Los cinco jóvenes tomaron, rápidamente, sus manos y desaparecieron de aquel lugar.
Todos habían logrado huir de aquel lugar, pero se habían dividido... El tiempo no esperaba a nada ni a nadie y debían de ser más rápidos que sus enemigos.
Redforth, mirando desde un saliente elevado y apartado de aquel lugar, pudo apreciar todo lo que había sucedido.
Ahora que había descubierto dónde se escondía el joven Potter, volvieron a desaparecer y ya no podría saber a dónde habría podido ir.

DRACO MALFOY Y HERMIONE GRANGER





















HARRY POTTER

HERMIONE, RON Y HARRY

NEVILLE Y LUNA

LUNA, HERMIONE Y PANSY



    


  

viernes, 25 de enero de 2013

23. Secretos.

Los días pasaban como segundos y, poco a poco, las diferencias entre los jóvenes magos fueron disipándose. Sin embargo, el joven Potter aún estaba bastante débil y no podía descansar en las acogedoras noches; sus constantes pesadillas habían llegado más allá de lo que podía aguantar.
Una vez más, se incorporó bruscamente en su cama y dirigió su rostro al suelo, como si fuera a devolver.
-Harry, ten...- murmuraba Ginny, sin apartarse de su lado y ofreciéndole agua.
El chico sonrió levemente, intentando no angustiar más a su compañera y tomó el agua.
Hermione lo miraba con incertidumbre, pues aún no tenía nada para solucionar todos los problemas y dilemas que tenían encima.
La joven suspiró de agotamiento mental y depositó sus ojos en el libro, intentando hallar algún remedio o algo parecido.
-No te tortures, Hermione. La única persona que, sabe algo, se llama Malfoy y no parece dispuesto a hablar- se quejaba Ron, en voz baja.
-Lo sé, pero ahora somos un grupo y debemos de permanecer unidos. Yo también quiero hablar con él y que nos ayude con lo de Harry, pero...- se entrecortó, al darse cuenta que, el joven Slytherin, había puesto sus ojos en ella.
Ron no sabía por qué, ésta, había detenido su conversación; ya que, estaba de espaldas a Draco y no se había percatado de que los estaba vigilando.
Hermione tragó saliva y descendió, disimuladamente, su mirada al libro.
Malfoy no había escuchado nada de lo que hablaban y tampoco pretendía hacerlo, simple y llanamente, observaba a Hermione con temor.
Temor a que pudiera salir a la luz su secreto que, ambos, tenían en común. Sabía y confiaba en que, Hermione, no iba a decir ni una sola palabra del asunto; aunque, aún seguía dándole vueltas a su situación.
Sabía que, Redforth, iba sacar a sus padres de la cárcel y también a él mismo; pero algo le impulsó a romper con aquel plan.
No era lo correcto, el desobedecer a sus progenitores, pero tampoco quería desobedecer a su moral... Draco siempre había hecho y dicho cosas hirientes, con maldad. Lo hacía con su reluciente orgullo y no sentía remordimiento alguno de ello; pero todo había cambiado.
Las cosas que conocía y que estaban por pasar, al chico solo lo llevó a la desesperación y al miedo.
Solo deseaba que todo aquello pasara y que no dejara rastro alguno.
-Harry sigue muy mal...- interrumpió sus pensamientos, la joven Lovegood.
Luna tenía, en sus manos, un pequeño cuenco con sopa para Harry y se lo entregó a su amiga pelirroja.
-Pero, ¿qué podemos hacer? Si salimos, nos arriesgamos a que nos encuentren los dementores- seguía Neville, sentado a la mesa.
Ron y Hermione miraron a sus dos compañeros, tenían razón los dos... ¿Qué hacer? Esa era la pregunta.
-Chicos, tranquilos... Aún puedo...- decía Harry, con un tono muy desanimado y apagado.
-¡No, Harry! ¡Ya basta!- le interrumpía su mejor amigo Weasley, mientras se ponía en pie bruscamente.
Todos miraron, preocupados, a Ronald.
-¡La única persona que, tiene una ligera idea de qué es lo que está pasando, es Malfoy!- continuaba con un tono más irritado y mirando hacia Draco- ¡¿Acaso no te han enseñado a ser más agradecido?! ¡Mi mejor amigo está en problemas y, puede que a ti te importe muy poco, pero yo siento que se muere y tú no tienes la humildad de echarnos una mano!-.
El joven Slytherin mantenía la calma y miraba, con recelo, a su compañero Gryffindor.
-¡Nosotros hemos salvado tu culo de la muerte y así nos lo pagas! ¡Maldito hurón presuntuoso, debimos de haberte dejado morir allí!- se sobresaltaba, aún más, Ron.
Draco se puso en pie, irritado y bastante dolido con esa acusación. Es cierto que estaba agradecido con lo que habían hecho por él, pero su lucha estaba en su interior.
Si tan solo dijera un pequeño dato, con respecto a Harry, pero no podía hacerlo... Había mucho en juego y no pensaba en sí mismo.
-Yo que tú, Weasley, reflexionaba un poco más antes de hablar- decía entre dientes y con una mirada de desprecio.
Ron burló y miró con enojo a su contrincante.
-Soy capaz de devolverte a Azkaban, ¿te la quieres jugar?- amenazaba, mientras encontraba su barita en su bolsillo del pantalón.
Draco, sin apartar su vista de los ojos de Ron, hizo lo mismo que él.
-¡Oh, por favor, ya basta! ¡Tenemos que permanecer unidos!- se inquietaba Hermione, mientras se ponía al lado de Ron e intentando convencerlo de que dejara de meterse con Draco.
Ron la miró con enojo, estaba irritado y cansado de ver cómo, su pareja, seguía protegiendo a alguien como Malfoy.
-Está bien, ya veo que prefieres salvar la vida de este imbécil que la de nuestro mejor amigo Harry- concluyó, mirando a ésta con una mirada de decepción y guardando su barita. Miró con odio, por última vez, a Draco y salió de la tienda.
Hermione sabía que no le escucharía, pero quiso intentarlo y fue a dar con Ron.
Draco, bajó su mirada, intentó actuar con normalidad mientras guardaba su barita y volvía a retomar su asiento.
Sentía que su corazón iba muy aceleradamente y procuró no hacerlo notar en su acelerada respiración. Su amiga y compañera, Pansy, había anotado en su memoria este acontecimiento; donde, Malfoy, seguía ausente y callado.
Sabía que no podría ser el mismo chico orgulloso de siempre, debido a que no estaba en su ambiente, pero su actitud no era la intimidación de los Gryffindor... Iba mucho más allá.
-Ron, por favor...- murmuraba Hermione, con lágrimas en los ojos.
Éste no la miraba, solo caminaba hacia un árbol que se encontraba cerca de la tienda y se sentó bajo de éste.
Ella le seguía, estaba convencida de que lo había hecho por mantener el grupo unido; sin embargo, había comprendido que, Ron, no lo veía del mismo modo.
-Ron, por favor... Háblame...- seguía rogándole, de pie y enfrente de éste.
Pero él no le dedicaba ni una mirada, solo mantenía su rostro inundado de ira.
Hermione suspiró de tristeza y comenzó a secarse las lágrimas, mientras miraba hacia la otra orilla que se encontraba al frente de ellos.
-¿Por qué le has defendido otra vez, Hermione?- murmuró sin mirarla y con el mismo semblante.
Ella lo miró en seguida y tragó saliva.
-¿Defenderle? ¿En qué piensas tú, para llegar a esa conclusión?- volvía a mirar hacia al frente.
Ron miró hacia ella y mantuvo el silencio, a lo que ella también le correspondió.
-Dudo de nuestra relación- dijo al fin.
Hermione sabía que oiría esas palabras, pero no objetó nada solo volvió a mirar hacia el frente. En cierto modo, se lo merecía, pensaba la joven.
-¿Qué quieres decir con eso?- lograba decir, algo herida y sin apartar su vista del paisaje.
-Quisiera plantearme lo nuestro- murmuraba.
Hermione asintió y miró a su compañero.
-Está bien, lo respetaré...- concluyó y volvió a la tienda.
Ella siempre era la que iba a dar con él en cada discusión que tenían, siempre le rogaba que no la dejara y que lo amaba.
Sabía que éste la quería y que nunca la defraudaría, pero Hermione había cometido un error bastante grande y dos veces... No tenía derecho de reclamar nada y tampoco de humillarse, una vez más, a él.
Le dolía y sentía culpabilidad, más que amor sosegado por el joven pelirrojo.
Se secaba las cristalinas lágrimas y entró en la tienda.
Todos se habían dado cuenta de la situación entre ella y Ron, sin embargo, prefirieron mantener el silencio y que todo volviera a su cauce.
Jessica, que estaba sentada a la mesa y de cara a Harry, miraba a sus compañeros repetidas veces y meditaba en sus mismos pensamientos. De vez en cuando, suspiraba y su mirada se iba apagando.
Sentía dolor y tristeza... Pero, algo había percatado su atención. Era el sonido de un halcón y, ella, parecía saber de qué halcón se trataba.
Disimuladamente, se incorporó y salió de la tienda. Vio al joven Weasley, apartado varios metros de ellos y caminó, sin hacerse notar, hacia la parte trasera de la tienda y se apartó varios metros.
Sacó su barita y la dirigió hacia el cielo.
-Aperi Claustra- murmuró y un leve destello blanquecino, subió hacia el cielo y abrió un pequeño agujero en la barrera que los protegía de los muggles, magos y dementores.
El plumado animal, descendió con un pequeño frasco metálico atado en su pata. Parecía contener una carta.
Jessica, que tenía sus mangas bajas, alzó su brazo y dejó que éste se posara en su brazo.
Ella lo acarició y le ofreció un pequeño trozo de bacon que había tomado del desayuno.
En lo que, el halcón, tomaba su merecido premio, Jessica tomó el pequeño mensaje y comenzó a leerlo lo más rápido que podía.
-Posición del lugar- leyó en voz baja.
La muchacha, entendía de quién era y lo que le ordenaba hacer. Ella tomó, de su bolsillo, un pequeño trozo de servilleta, con lo que le exigía su demandante y el halcón comenzó a volar hacia su respectivo dueño.
Jessica sentía remordimientos, pero luchaba por ignorarlos y volvió hacia la tienda.
Al entrar, Ginny observó, cómo una pluma de halcón, caía del abrigo de Jessica.
Sin que nadie se diera cuenta, la joven Weasley, tomó la pluma que había caído cerca de la mesa y no apartó sus ojos de dicha pluma. Conocía muy bien qué tipo de animal poseía plumas así, pero no habían visto ningún halcón en días y no suelen vivir por aquella zona en la que estaban.
Ginny comenzó a desconfiar, mucho más, de su nueva compañera Gryffindor.
Aún seguía sintiendo algo, de su interior, que la hacían dudar mucho más de ella y no sabía el por qué.
Todos los problemas van evolucionando, con el paso de los días y cada vez nace más tensión entre ellos...

DRAMIONE

HARRY POTTER

LUNA LOVEGOOD

DEAN